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Lenguaje Corporal y la gestión emocional

Actualizado: 1 jun 2023


Desde tiempos inmemorables, las emociones humanas han sido un tema de interés para todos los actores de la historia, religión, ciencia y el folclore popular. Fueron vistas con veneración en las eras más antiguas del hombre y luego se fue oscureciendo su valoración, llegando a ser vistas como la manifestación de todo lo profano y pecaminoso.

Todo esto género que la educación emocional se convirtiera en una utopía que tardaría siglos en dar sus primeros pasos al despertar el interés en la mente humana.


Pero sin lugar a dudas, el precursor es un personaje muy conocido de la historia; Darwin, quien con la tradición biológica consideró que las emociones han desempeñando un papel esencial en la adaptación del organismo a su entorno a lo largo de la filogénesis. Aspectos de interés de este enfoque incluye la expresión facial y la universalidad de las emociones. Entre los seguidores de la tradición neodarwinista destacan Tomkins, Ekman, Izard, Plutchik y Zajonc.


Según la postura biologista, la emoción se activa automáticamente sin participación

de la cognición. En este aspecto se distinguen de las corrientes cognitivas, que se exponen más adelante. Así los invito a iniciar este viaje a través del universo de las emociones, donde extraigo de los más destacados libros y artículos, las investigaciones más relevantes sobre este maravilloso tema.



Las emociones en Darwin


Charles Darwin (1809-1882) es conocido principalmente como uno de los fundadores

de la biología moderna, en gran medida gracias a su obra El Origen de las especies (1859).

Pero también es uno de los fundadores de la psicología. En 1872 publicó La expresión

de las emociones en hombres y animales, la obra más importante sobre emociones escrita hasta entonces. Este libro fue uno de los primeros que incluyeron fotografías, pues la cámara se había inventado en aquella época. Las fotografías retrataban la expresión de emociones en el rostro de niños y adultos, uno de los temas de estudio.


Según Darwin, las emociones en todos los animales y el hombre funcionan como

señales que comunican intenciones; tienden a ser reacciones apropiadas a la emergencia ante ciertos acontecimientos del entorno. La función más valioso es aumentar las oportunidades de supervivencia en el proceso de adaptación del organismo al medioambiente.


Pero es en uno de  los neodarwinistas donde nos centraremos y me refiero al Dr. Paul Ekman, un psicólogo pionero en el estudio de las emociones y su expresión facial.​ Ha sido considerado uno de los cien psicólogos más destacados del siglo XX.



No solo es uno de los psicólogos más mediáticos (ha participado en el desarrollo de la serie Miénteme y la película Inside Out), también es uno de los pioneros en uno de los ámbitos más interesantes de la ciencia del comportamiento: el estudio del lenguaje no verbal y más concretamente, de las microexpresiones.

Saber más acerca de ellas podría ser de gran utilidad para mejorar nuestra comprensión sobre la comunicación y sobre la naturaleza de las emociones básicas y universales.


¿Qué son las microexpresiones?


Básicamente, una microexpresión es una expresión facial realizada de manera involuntaria y automática y que a pesar de durar menos de un segundo, teóricamente podría utilizarse para conocer el estado emocional de la persona que la realiza.

Según las ideas de Ekman y de otros investigadores, las microexpresiones son universales, ya que son fruto de la expresión de ciertos genes que hacen que ciertos grupos musculares de la cara se contraigan a la vez siguiendo un patrón cada vez que aparece un estado emocional básico. De esto se derivan otras dos ideas: que las microexpresiones aparecen siempre de la misma forma en todas las personas de la especie humana, independientemente de su cultura, y que también existe un grupo de emociones universales ligadas a estos breves gestos de la cara.

A través del estudio de las microexpresiones, Paul Ekman ha tratado de ver mecanismos psicológicos y fisiológicos básicos que teóricamente se expresan del mismo modo en todas las sociedades humanas y que, por consiguiente, tendrían un alto grado de heredabilidad genética.


Las emociones básicas


La vinculación entre las microexpresiones faciales y las 5 emociones básicas propuestas por Paul Ekman (Posteriormente expandidas a 7) se basa en la idea de potencial adaptativo: si existe una serie de emociones bien definidas y un modo predefinido de expresarlas, eso significa que otros miembros de la especie pueden reconocerlas y utilizar esta información para el bien de su comunidad.

De este modo, las situaciones de peligro o aquellas en las que la importancia de un elemento del entorno hace que los individuos pasen a estar emocionalmente muy activados, otros podrán saber al instante que algo está pasando y se pondrán a buscar claves para conocer con mayor detalle lo que ocurre. Esta idea no es novedosa; Charles Darwin ya la adelantó en sus escritos acerca de las emociones en humanos y animales. Sin embargo, investigadores más recientes se han especializado en este campo de estudio, dedicando gran parte de su tiempo y esfuerzo a analizar esta pequeña parcela de la psicología y la fisiología.


Lo importante de esta información, es saber qué se puede generar un cambio sobre neuro-emociones modificando nuestro lenguaje corporal, como veremos a continuación en los postulados del Izard.


La teoría del feedback facial en Izard



Carroll Izard (1979a) identifica diez emociones básicas, que considera innatas y universales. Una de las aportaciones más relevantes de Izard es la teoría del feedback facial, que se basa en las aportaciones de Darwin (1872) y fue expuesta inicialmente por Tomkins (1979). Izard ha elaborado una teoría compleja, que relaciona el feedback facial con mecanismos neurales, con objeto de analizar la diferenciación emocional desde la perspectiva de relaciones entre sistemas. Un elemento básico de esta teoría considera que la expresión facial determina la cualidad de la experiencia emocional. Esto viene dado por el hecho de que se dan impulsos cerebrales del Sistema Nervioso Central (SNC) a los músculos de la cara que producen expresiones faciales de carácter genético.

A partir de ahí se produce una retroalimentación al cerebro que produce la experiencia emocional.

Los músculos no faciales y las vísceras gobernadas por el Sistema Nervioso Autónomo (SNA) desempeñan un papel secundario. Cómo puede verse, esta teoría es en muchos aspectos continuadores del enfoque evolucionista iniciado por Darwin, sobre todo por lo que hace referencia a la expresión facial y, por otra parte, es seguidora de la línea centralista iniciada por Canon. Emoción y cognición son sistemas independientes, aunque interrelacionados a tres niveles: neurofisiológico, experiencial y expresivo.

La implicación de esta teoría es la posibilidad de regulación afectiva por cambios faciales. Es decir, modificando la postura de los músculos faciales se pueden provocar cambios en el estado de ánimo.


Psicopedagogía de la emoción.


El mecanismo de valoración activa la respuesta emocional. Cuando vivo la caída en picado en una montaña rusa, valoro que estoy en peligro y esto activa la emoción. En la respuesta emocional se pueden identificar tres componentes: neurofisiológico, comportamental y cognitivo.

El componente neurofisiológico consiste en respuestas como taquicardia, sudoración,

vasoconstricción, cambio en el tono muscular, secreciones hormonales, cambios en los

niveles de ciertos neurotransmisores, etc. Investigaciones en neurociencia han posibilitado un conocimiento de las relaciones entre la experiencia emocional y sus correlatos neurofisiológicos. Las emociones son una respuesta del organismo que se comienza en el SNC.

El componente comportamental coincide con la expresión emocional. La observación

del comportamiento de un individuo permite inferir qué tipo de emociones está experimentando.

El lenguaje no verbal, principalmente las expresiones del rostro y el tono

de voz aportan señales de bastante precisión. Las expresiones faciales surgen de la actividad combinada de unos veintitrés músculos, cuyo control voluntario es difícil. Por eso, la foto que se hace en las atracciones de los parques temáticos, en general, es expresiva de la emoción que se experimenta (generalmente miedo).

Pero este componente se puede disimular y se puede entrenar. Por esto, los adolescentes que me acompañaban en el Dragón Khan, estaban agitando los brazos extendidos en señal de alegría y disfrute. No era la primera vez que subían. Algunos ya tenían mucha experiencia, entrenamiento, aprendizaje, en definitiva. Esto es importante porque permite tomar conciencia de cómo la expresión emocional se puede aprender.


El componente cognitivo es la experiencia emocional subjetiva de lo que pasa. Permite

tomar conciencia de la emoción que se está experimentando y etiquetarla, en función

del dominio del lenguaje. Por ejemplo: “siento un miedo que no puedo controlar”. Las

limitaciones del lenguaje imponen serias restricciones al conocimiento de lo que me pasa en una emoción. Estos déficits provocan la sensación de “no sé qué me pasa”. De ahí la importancia de una educación emocional encaminada, entre otros aspectos, a un mejor conocimiento de las propias emociones y su denominación apropiada.


Ser capaz de poner nombre a las emociones es una forma de conocernos a nosotros mismos. El componente cognitivo coincide con lo que se denomina sentimiento.

Sobre cada uno de los componentes de la emoción se puede intervenir desde la educación emocional. La intervención en el componente neurofisiológico supone aplicar

técnicas de relajación, respiración, control físico corporal, etc. La educación del componente comportamental puede incluir habilidades sociales, expresión matizada de la emoción, entrenamiento emocional, etc. La educación del componente cognitivo incluye reestructuración cognitiva, introspección, meditación, cambio de atribución causal, etc.


Gestión de la emociónla en sus tres niveles de activación.


La tríada de la gestión emocional


  • Neuro-fisiológica

Esta respuesta primaria se puede entrenar como todas las demás y representa la primera fase de gestión emocional. Y es por medio del acto más natural del ser humano, la respiración, pero no una respiración cualquiera, la famosa respiración de diafragma, (aprende más sobre esta técnica de respiración en nuestro artículo pernettpnlcoach.com/post/la-regla-de-los-90-segundos-para-poner-fin-al-drama) consiste en una respiración profunda, que expande  elel estómago y no el pecho, contar del 1 al 10 y del 10 al 1; puede sonar cliché pero funciona. Esto activara un reflejo diafragmático que frenara esa marea creciente de emociones que estás experimentando.

  • Comportamental

Ya se sospechaba desde hace unos años que el cambio en nuestra postura, de alguna forma, cambiaba nuestro estado de ánimo. La voz de la abuelita: “Párate BIEN Y Verás CÓMO TE SIENTES Y TE VES MEJOR” y pues las neurociencias demostraron que es un hecho, la modificación de tu postura y expresión facial; como vimos anteriormente, pueden modificar la intensidad de una emoción, permitiendo una mejor gestión de la misma.

  • Cognitiva

La clave de nuestro estado de ánimo, incluso de nuestra personalidad, están en le este este último apartado. Ese diálogo que tenemos sobre lo que nos pasa o lo que vivimos, esa interpretación de los hechos, el ser víctima o el responsable de lo sucedido. Va a marcar la diferencia entre vivir en armonía o vivir atormentado por emociones rancias del pasado. Por ejemplo: Terminas una relación de pareja, puedes decirte un diálogo como… Todos me dejan, algo malo debo tener, moriré solo… ¿Creen ustedes que vivirá un sano desamor? Es poco probable, pero si en lugar de ello nos decimos, ya vendrá alguien mejor más guapo/a más interesante o ya sé lo que no necesito en el amor. De seguro este segundo discurso va a generar otro tipo de reacciones emocionales.


A modo de conclusión quiero cerrar esta investigación con este pensamiento:

“Las cosas, las situaciones, como las personas, tiene el poder que tú le das con tus pensamientos conscientes” así que el poder está en ti; no culpes a los demás o al destino, tenemos la vida que merecemos, para bien o para mal, la buena noticia es que siempre que lo desees con esfuerzo podrás cambiar lo que gustes.


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Bibliografía

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